martes, 27 de enero de 2009

Variaciones sobre el sueño

Por Leonardo Moledo

Para Javier Lorca

“Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Dicen que esta frase de Augusto Monterroso constituye el cuento más corto del mundo. Es muy buena, y transmite la sensación imperceptible del sueño. Por mi parte, creo que “La historia de don Illán y el deán de Santiago”, que está en el Conde Lucanor, del Infante Don Juan Manuel, representa lo más parecido a un sueño (o a la sensación del sueño y el despertar) que logró la literatura. Española, por lo menos.
Y bien; sucedió lo siguiente: la noche anterior estaba soñando y de repente soñé que me despertaba y que tenía ganas de fumar, desesperantes ganas de fumar, pero no tenía cigarrillos. Me vestí casi a medias y bajé al kiosco de abajo de casa, que cerró hace ya un par de meses y ahora está cruzado por un inútil cartel que dice “se alquila”. Pero en mi sueño, estaba cerrando para siempre en ese preciso instante (ya estaba a oscuras), y el exhibidor de los cigarrillos estaba completamente vacío, salvo un solitario y triste (y final) atado de diez de Lucky Strike que parpadeaba ante la luz de la calle. El dueño del kiosco (el que había sido el dueño antes de que cerrara) sacaba, cansinamente, las últimas mercaderías. Pero resultaba que era, sorprendentemente, mi amigo F*. Quise alejarme. F* jamás me iba a vender esos últimos cigarrillos. La escena era tan vívida y la desazón tan grande, que al darme vuelta sentí que la mirada de la gorda que estaba sentada en una de las mesas de La Orquídea, en diagonal con el kiosco, se clavaba en mi espalda. Y justo en ese momento F* me llamó por mi nombre y me alcanzó el atado de Lucky Strike. Yo le alargué un billete de dos pesos, pero mi amigo los rechazó: no, no, de ninguna manera, me dijo. No tenía ganas de discutir, así que agarré el atado, subí a mi casa y volví a dormirme. Seguí soñando otras cosas que no recuerdo.
Supuse que tenía que contárselo a mi amigo, así que la noche siguiente, me senté frente a la computadora y le escribí un mail: “Ayer...”. Pero al final, no pude resistir la tentación de plagiar a Monterroso: “y ahora, mientras te escribo esto, estoy mirando sobre la mesa de mi estudio el paquete de cigarrillos que me regalaste. ¡Salud y gracias!”.

Me quedé tan infantilmente contento con la vuelta de tuerca que había encontrado (o que había encontrado Monterroso), que no pude resistir la tentación de reutilizarla y sacarle un poco más de jugo: así le mandé el mismo mail a otro amigo: “Ayer soñé que... y etcétera... misteriosamente el dueño del kiosco eras vos... etcétera... la mirada de la gorda, etcétera... y ahora estoy mirando sobre la mesa... Salud y gracias”. Estaba satisfecho. Pero la literatura es adictiva, o más que el tabaco, y como era de esperar mandé un tercer mail: “Ayer soñé..., la gorda... sorprendentemente... y ahora...”. Cerré el correo y me fui a tomar un vaso de agua.
Fue el agua, estoy seguro: cuando volví al estudio, estaba sudando un poco. Abrí nuevamente el correo y mandé el mail a una lista de sesenta y dos contactos: “La gorda, estoy mirando, gracias... “ y sin solución de continuidad lo mandé nuevamente a la lista completa de contactos, que anda más o menos por los tres mil.
Retrocedí y miré la pantalla: el reloj ya anunciaba las tres. Pensé que era tarde. Pensé que en unas horas amanecería. Pensé que cada amanecer es diferente. Pensé que la semana pasada me habían enseñado cómo armar envíos masivos: armé un pequeño programa para que el mail se reenviara a la lista completa de contactos de cualquier receptor y no dudé: “Un atado solitario... y vos me vendiste.... y ahora estoy mirando”. El mail partió hacia servidores lejanos que empezaron a desparramarlos por todas partes, y el mail se reproduciría y reproduciría hasta agotar las posibilidades del espacio virtual.
Pero yo quería llegar a todos los usuarios de Internet, sin ninguna excepción; lo traduje al inglés y al francés, y luego, mediante un programa especial, al ruso, al alemán y al checo; y allá fueron; miré la pantalla: recordé conocer a alguien que estudia chino.... miré la hora.... miré el teléfono... pero no lo vi...
Y ya no pude hacer nada más, porque los paquetes de Lucky Strike se apilaban por todas partes, llenaban el estudio; me ahogaban, ocupaban todos los huecos del departamento sin excepción; cegado, casi a tientas, me abrí un trabajoso camino a través de los atados de cigarrillos (creí que nunca llegaría a la puerta) y me vi expulsado para siempre de mi casa, hacia la noche inclemente y húmeda.

lunes, 26 de enero de 2009

Nuestros famosos gauchos son personajes construidos

Por Leonardo Moledo y Nicolás Olszevicki
Publicado en Pagina/12, Diálogos, lunes 26 de enero

“Nuestros famosos gauchos son personajes construidos”

ENTREVISTA CON JORGE GELMAN, HISTORIADOR E INVESTIGADOR DE LA CONSTRUCCION DE LOS MITOS NACIONALES

Según Gelman, la noción de gaucho, de la Argentina ganadera o del país agroexportador, son mitos que se construyeron en el siglo XIX. Está también la imagen del campo opuesto al Estado recaudador de impuestos y enrolador de soldados para las guerras permanentes.


–Usted es...
–Historiador. Hice mi carrera afuera, exiliado, y volví en febrero del ’84 con el doctorado bajo el brazo. Desde entonces, con alguna interrupción, estoy trabajando acá. Soy investigador principal del Conicet y profesor titular de la Cátedra de Historia Argentina I de la Universidad de Buenos Aires, que se focaliza en el período colonial y primera mitad del siglo XIX.

–Bueno, muy bien. ¿Qué quiere decir que es historiador?
–Que me preocupo por investigar el pasado de las sociedades. En particular, yo me intereso en el pasado de la historia argentina y latinoamericana con la idea no solamente de acumular información por curiosidad, sino de entender la evolución de esta sociedad y entender lo que hoy somos. Aunque el pasado no determina estrictamente el presente, indudablemente tiene influencia la forma en que la sociedad evolucionó...

–¿Qué quiere decir que no determina estrictamente el presente? ¿Determina algunas cosas y otras no? ¿Determina parcialmente?
–Es muy difícil dar una respuesta absoluta. En todo caso, le puedo dar una respuesta relativa. En el desarrollo social intervienen factores que nos determinan de antes, factores que nos influyen en el mismo momento que vivimos, factores endógenos, exógenos. Y el azar...

–La historia ríe, como dice Kundera...
–Sigue habiendo, aún hoy, corrientes historiográficas que suponen que el pasado determina estrictamente el presente. Ese tipo de pensamiento no es aceptado por el grueso de los historiadores...

–Usted se dedica, según lo que tengo anotado aquí, a los siglos XVIII y XX. Al crecimiento económico, para ser más precisos...
–En realidad eso es un proyecto grande que yo dirijo en la UBA, en donde participan investigadores que trabajan en temáticas que abarcan desde el siglo XVII hasta el XX. Yo, personalmente, me dediqué a la historia agraria de la colonia a la primera mitad del siglo XIX; luego me dediqué a problemáticas asociadas a la historia económica y ahora, últimamente, he ido derivando hacia temas de historia política. Ciertos temas de la historia económica me llevaron a estudiar inexorablemente temas de historia política. Como por ejemplo: no podía dejar de lado la política al estudiar el régimen de Rosas, que es lo que estoy haciendo en este momento.

–¿Qué pasa con el régimen de Rosas?
–Le cuento primero cómo llegué ahí, porque me parece que es importante para entender el enfoque desde el que lo estoy estudiando. Yo formé parte de un grupo de historiadores que revisó bastante la historia del agro rioplatense del siglo XVIII. La historiografía en general planteaba que era el período de los grandes terratenientes que dominaban todo. La idea es que desde siempre, desde la llegada de los españoles, se constituyó un grupo de grandes terratenientes que dominó todo el paisaje pampeano y que la contracara de eso era el gaucho, este personaje mítico que deambulaba por allí. Resulta que estudiando esta sociedad, sobre todo para el siglo que le digo, para el que hay mucha información documental, encontramos que se trataba de una sociedad completamente distinta, conformada sobre todo por pequeños y medianos propietarios y productores, por pequeños campesinos... No había, como se supone, grandes propietarios ni terratenientes. Esa clase tiende a constituirse en el siglo XIX, lo cual genera un problema. Porque si se constituye en el siglo XIX, es de suponer que se van a generar conflictos, porque esa nueva clase social y ese nuevo régimen de propiedad vendría a trastrocar el mundo de pequeños propietarios que imperaba antes. Ese es uno de los temas que estudié. Ahora estoy estudiando mucho cómo evoluciona la desigualdad en ese mundo rural. Una de las cosas curiosas es que, aunque efectivamente en el siglo XIX se constituye una clase de grandes propietarios (de la cual Rosas sería el exponente principal: gobernador, hacendado), sigue existiendo una gran cantidad de pequeños y medianos propietarios en la campaña bonaerense que conviven con los grandes propietarios. Esto me llevó a tratar de pensar por qué esto era así...

–Que era justamente la pregunta que yo pensaba hacerle.
–Bueno, hay muchas razones. Algunas son estrictamente económicas, tienen que ver con la oferta de factores. Es una sociedad que tiene gran expansión fronteriza...

–¿De dónde sacan los propietarios sus tierras?
–En gran medida de la expansión de la frontera de la primera mitad del siglo XIX. Los gobiernos tienen una política de tierras que favorece la apropiación o el usufructo de buena parte de esas tierras por parte de estos personajes.

–Es al revés que en los Estados Unidos, que la apropiación se producía por el movimiento de los pequeños propietarios.
–Exactamente. Está el famoso Homestead act... Esa es la visión clásica: la forma de expansión estadounidense se contrapone, en este sentido, con la forma de expansión del Río de la Plata en general. Ahora, lo que estamos viendo es que si bien es verdad que esa expansión permite la formación de grandes emporios terratenientes, también permite que un montón de actores pequeños y medianos ocupen parte de esas tierras y las pongan a producir. Uno de los problemas que tienen los grandes terratenientes es, en efecto, la falta de mano de obra: poseen grandes territorios, pero la gente humilde también tiene, en un altísimo porcentaje, la posibilidad de acceder a sus propias tierras. Ahí hay un conflicto. Uno hubiese esperado que los gobiernos de la primera mitad del siglo XIX, que según se dice representaban a los grandes terratenientes, promovieran una proletarización de esos pequeños y medianos propietarios para crear una oferta de mano de obra para los extranjeros.

–Y no pasa.
–Lo que nosotros encontramos es que esto ocurre muy poco: el gobierno tiene una enorme dificultad de hacer esto, y tiene que respetar esa capacidad de los sectores más humildes de la población de acceder a esos recursos y, por lo tanto, de limitar el poder de los sectores de grandes propietarios. Les es muy difícil a los grandes propietarios, en la primera mitad del siglo XIX, ganar mucha plata con sus tierras, porque la mano de obra es carísima. Esto me llevó a acercarme desde la historia agraria a la historia política: a tratar de entender por qué Rosas, que es él mismo un gran estanciero, que es el gobernador de Buenos Aires durante muchos años, no puede llevar adelante una política sistemática en defensa de los intereses de su propia clase social.

–¿Y?
–Una de las cosas que aparecen es que se trata de un período (el pos Revolución de Mayo) en el que acontecen muchas cosas importantes, entre ellas la dificultad de imponer un régimen político estable. Después del fin del período colonial, que había sido bastante estable, es difícil constituir un régimen que tenga legitimidad y que logre generar una estructura estatal de dominación que produzca estabilidad en la región. Otra de las características es que hay una creciente intervención de los sectores populares en la vida política. Esto se produce, en gran medida, por la importancia de la guerra: toda guerra necesita hombres, y esos hombres que provienen de las clases populares van a comenzar a adquirir derechos, una capacidad de intervenir mucho más fuerte. Los gobiernos de la época van a tener que tener mucho cuidado de esa clase social que integra los ejércitos de la época que comienza a hacer valer sus derechos y a hacerse oír... Es un período muy signado por las guerras: hacia 1840, que es uno de los momentos más complicados (en el que acaba de terminar un bloqueo francés sobre el puerto), se calcula que el 40 por ciento de los varones en edad de ser reclutados lo estaban. La proporción es altísima. Eso por un lado genera en esa gente un conjunto de derechos (que adquieren a través de su participación en la guerra) y les va a generar a los gobiernos esta necesidad de tenerlos en cuenta a la hora de desarrollar políticas. Es muy interesante ver cómo Rosas, un hombre poderosísimo, tiene que obrar con muchísima cautela y cuidarse de no afectar los intereses de estos sectores. Uno ve que por ejemplo en las zonas de frontera de Buenos Aires hay grandes propietarios que quieren desalojar a pequeños y el gobernador no lo puede hacer. Una de las cosas que yo estudié son las estancias del propio Rosas. El mismo tiene gente que ocupa sus tierras y evidentemente la quiere echar, pero no puede.

–¿Por qué? ¿Cómo resisten?
–Bueno, digamos que en la Constitución hay un conjunto de reglas de juego para esa población rural, costumbres que se transforman en derechos. Una cosa muy típica es que la defensa de la tierra contra los enemigos indígenas que están del otro lado genera una serie de derechos para esa gente: a aquel que pueda demostrar que participó en luchas contra los indios se le respetará su propiedad. Los sectores populares conquistan derechos a través de su participación en conflictos militares.

–Hace poco releí el Martín Fierro y hubo algo que me llamó la atención y que no sé si se lo señala habitualmente... Martín Fierro es un arrendatario, un pequeño arrendatario al que le ocurre lo que suele ocurrir con la concentración de tierras: cuando no puede pagar el arriendo es reclutado.
–Absolutamente. Ahí hay algunas cosas muy interesantes. Una es cómo se construye el mito del gaucho, cuando en realidad, aun en el propio Martín Fierro Hernández lo dibuja como un gaucho sólo porque el Estado lo compelió a...

–Es un campesino, ni siquiera un agricultor.
–Exactamente. Es un pequeño arrendatario, con su familia, al que lo echan para la frontera. La historia de Martín Fierro es la historia de la (supuestamente) brutal incidencia del Estado sobre la parsimoniosa y equilibrada vida agraria. Esto está muy bien explicado en el libro de Halperín, José Hernández y sus mundos, donde se dice que el contenido temático del Martín Fierro está asociado a la ideología de la primera Sociedad Rural (que no tiene nada que ver con lo que es ahora). La Sociedad Rural en ese momento construye la idea de una sociedad armónica, donde conviven grandes propietarios y arrendatarios y donde el enemigo es el Estado.

–Le diré que esto no me suena obsoleto, sino que me hace acordar a temas muy recientes.
–Bueno, ésa era la idea, más o menos. El Estado, con el impuesto que quiere cobrar (fundamentalmente con el impuesto militar: el reclutamiento) está quitándole los beneficios al campo, robando su mano de obra. El caso de Martín Fierro es curioso, porque se trata de un pequeño empresario que pierde todo lo que tenía desde el momento en que es reclutado. Se dice que la mujer tuvo que vender la vaca para pagar los arrendamientos. Se convierte allí en un gaucho, pero el gaucho no es el producto de la evolución natural de la sociedad, sino el efecto de la incidencia del estado. Allí se lee una ideología precisa de la época. Esto tiene algo que ver con lo que yo estoy estudiando de la primera mitad del siglo XIX. Porque indudablemente, la idea de que el Estado defiende los intereses de los grandes estancieros es complicada. En algunos aspectos los trata de defender (la política de tierras así lo revela: la enfiteusis, por ejemplo, en la práctica termina defendiendo a los grandes propietarios). Cuando Rosas comienza a vender tierras, a partir de 1836, también se benefician en general personajes ricos. En otros aspectos es más complicado, como por ejemplo con el reclutamiento. El Estado necesita reclutas todo el tiempo, para las guerras de la independencia, para defender las fronteras, para las guerras civiles. El historiador John Lynch dice que la idea de Rosas es reclutar campesinos para “domesticarlos” y convertirlos en peones de las estancias.

–¿Y fue así?
–Hoy sabemos que esto está bastante lejos de la realidad. El Estado decretaba la necesidad de reclutar gente y esa orden llegaba a un juez de paz (que formaba parte de la comunidad local, de la cultura local, de la población local y que compartía con sus coterráneos una serie de costumbres, de maneras de mirar la vida). Ese juez, por supuesto, no iba a reclutar a sus paisanos, con quienes había vivido mano a mano toda su vida, sino que en general lo que hacía era reclutar a los migrantes que venían del norte (Córdoba, Tucumán, Salta) acusándolos de vagos. El Estado, entonces, en vez de favorecer la creación de una masa de trabajadores, estaba quitando mano de obra del mercado y favoreciendo ese mundo de pequeños y medianos propietarios que compiten contra los estancieros.

–Pero a Martín Fierro lo recluta un juez de paz.
–Sí, pero no hay que olvidar que es un poema, y que, como le decía antes, lo que está haciendo es reflejar una ideología que un sector de grandes propietarios está elaborando en defensa de esa sociedad que quiere conservar. Para ello es necesario construir la ficción de un Estado invasor e inútil, que lo que hace es convertir a un campesino en un criminal...

–El mundo rural era por entonces puramente ganadero, ¿no?
–Ese es uno de los mitos que hoy se están empezando a derribar, y que tiene que ver con lo que nosotros estudiamos. A pesar de que no existen estadísticas para fines de la época colonial, uno puede reconstruir ese mundo a partir de indicadores indirectos que, por suerte, existen. Uno de los indicadores más importantes para la etapa colonial es el diezmo: una especie de impuesto agrícola-ganadero para el sostenimiento de la Iglesia. Analizando los datos, se puede observar que el diezmo agrícola era mucho más importante que el diezmo ganadero. Había quintas para el abastecimiento de Buenos Aires, pero también había una gran cantidad de producción de cereales. Esto no quiere decir que el trigo fuera más importante que las vacas... Pero en todo caso, lo que se muestra es que a fines de la colonia la agricultura es tan importante como la ganadería. Luego de la revolución, las cosas comienzan a cambiar, porque empieza a ser más importante el mercado externo que el interno. Ese es otro mito que había: que siempre fuimos una economía agroexportadora.

–...
–Mentira: hasta 1810, la producción agraria de todo el país, incluido Buenos Aires, se destinaba más a mercados internos que a externos. En Santa Fe, en el Norte de Buenos Aires, por ejemplo, se criaban mulas que se destinaban al mercado interno. Los principales ingresos de los sectores rurales tenían que ver con lo local. Con la Revolución todo comienza a cambiar. Los mercados interiores empiezan a tener problemas, la Revolución rompe la solidez imperial, comienzan las guerras civiles, la minería del Alto Perú (que era la más demandante) se hunde, al tiempo que la economía trasatlántica se empieza a desarrollar. Estamos en pleno período de la Revolución Industrial, en el cual los países del Atlántico Norte comienzan a producir masivamente manufacturas para exportar, a la vez que necesitan materias primas. Allí la cosa cambia, y Buenos Aires cambia su perfil productivo. En la primera mitad del siglo XIX crece muchísimo la exportación, pero la producción para el mercado interno sigue. Acaba de salir un libro muy lindo en el que analiza todo el tema de la agricultura en la zona pampeana y Buenos Aires en la primera mitad del siglo XIX y lo que muestra es que la agricultura crece. No al mismo ritmo que la ganadería, que crece de una manera impresionante, pero crece. Justamente toda la zona de expansión fronteriza es para la ganadería.

–Me resulta fascinante todo lo que me cuenta. Y vuelvo a mi relectura del Martín Fierro: creo que es una obra cumbre, una historia épica con todo lo horrible y fascinante que tiene la épica, con esa ideología asquerosa. Y mi relectura me reveló esta nueva historia, que se me había escapado antes, y que se deriva del momento en que Martín Fierro describe esos trabajos que se hacen en el campo. Creo que eso habilita una lectura distinta a la mitológica que se hace en general. La historia que se enseña en los colegios (y no hablo de la ideología que tienen los profesores) sigue pensando el texto como leyenda, cuando es mucho más que eso.
–Bueno, yo en realidad no sé cómo se enseña en la primaria. En la secundaria supongo que la cosa ha cambiado un poco, por lo menos si lo veo en algunos manuales que he podido ojear. Una de las cosas que vienen pasando en los últimos 15 años es que las editoriales se largan a hacer manuales y recurren a buenos historiadores universitarios para que coordinen equipos que renueven los manuales. Eso sí: una cosa es el manual y otra cosa lo que el profesor pueda poner: su ideología, su lectura. Además esto que le cuento se está discutiendo con uno de los mitos más grandes de la conciencia argentina, que es la idea del gaucho. Lo que yo le digo no es otra cosa que lo siguiente: nuestros famosos gauchos son personajes construidos. Lo que se pensaba que era el centro de la vida rural, ese gaucho varón sin ligaduras familiares, que trabajaba cuando quería y cuando no quería no, es algo bastante mítico.

–¿De dónde viene étnicamente el gaucho?
–No se lo puedo decir. Es un poco de todo o, mejor dicho, puede ser cualquier cosa. Aunque la legislación española era muy dura en las divisiones étnicas (es decir: las divisiones sociales eran divisiones étnicas, con los grupos étnicos bien considerados en la cima de la pirámide social y los peores considerados en la base) hubo un proceso muy fuerte de mestizaje biológico y cultural. Al final del período colonial, los censos en la zona pampeana dicen que la inmensa mayoría de la población es denominada blanca o española, aunque en realidad dentro de eso había cualquier cosa. Lo que pasa es que se había terminado de constituir una población muy homogénea culturalmente. El habitante rural podía ser un español, un mestizo, un indio puro, un mulato. Hay otro mito que se está derribando también: la frontera no era simplemente el lugar de la guerra. Para hacer lo que se llamó la Campaña del Desierto había que demostrar que los indios eran malos, que robaban, que no se podía vivir cerca de ellos. Y, yendo más lejos, que no formaban sociedad: si no, sería imposible llamar Campaña del desierto a la conquista de un lugar habitado. En realidad, desde inicios del período colonial, esos indígenas tuvieron no sólo relaciones de guerra sino también vínculos comerciales, familiares, de mestizaje. La frontera era un mundo de mestizaje.

–Una excursión a los indios ranqueles me parece, en ese sentido, uno de los grandes libros del siglo XIX. Y Mansilla, encima, era sobrino de Rosas.
–Y además, Rosas escribió un diccionario de lengua Pampa. La obsesión de Rosas era el orden, y eso se ve muy claramente en su intención de llegar a todos los sectores que tiene que dominar. Hay una desesperación frente a la incapacidad de todos los gobiernos anteriores de construir un orden estable en lo político y lo social. Rosas llega a la conclusión de que no basta con el garrote, sino que hay que analizar la sociedad y escuchar a los diversos actores, incluso a los indios. La clave para poder iniciar las negociaciones es establecer vínculos personales con ciertos individuos clave de ese mundo indígena. Y por eso se preocupa por aprender el idioma. La clave de su éxito, entre otras cosas, es haber comprendido qué era lo que le pedían los indígenas y haber sostenido con ellos no sólo una relación de guerra sino de negociación.

Bienvenidos

Por Leonardo Moledo



Queridos amigos: les propongo que nos comuniquemos a partir de este trampolín virtual. Espero disfrutemos juntos de esta experiencia, para eso son todos bienvenidos, con sus comentarios, preguntas y aportes.

Hablemos de internet: la lucha continúa

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–¿Pero qué tiene esto de particular? ¿No es que siempre las agrupaciones usan la tecnología que tienen a su alcance?

–Sí, claro, tarde o temprano sí. No sé si es demasiado diferente. Lo que sí se podría decir es que hay una incorporación del mensaje audiovisual, gracias a las posibilidades que brindan las tecnologías hoy en día. Como todo proceso de cambio, eso no es inmediato. Una de las cosas que produce es un cambio en la noción del espacio y del tiempo. La dimensión territorial (muy afincada en general en las organizaciones sociales) se resignifica de manera más planetaria, de tal manera que los grupos pueden no sentirse aislados sino saber que hay muchos otros grupos que están haciendo lo mismo en distintas partes del mundo.

–Pero también es verdad que hay una proliferación tan grande que le hace perder fuerza, ¿no? Porque al haber millones de grupos que mandan y mandan cosas, en última instancia todo termina convirtiéndose, o por lo menos pareciendo spam...

–En realidad, la utilización fundamental es a través del correo electrónico, que es la forma más simple de difusión. Después viene la utilización de sitios web. Hay un aprovechamiento, también, de las imágenes del mundo del mercado, es decir, se utiliza en provecho propio lo que viene del mundo de la publicidad. Lo que quiero decir, en verdad, es que depende de uno: es cierto que hay cosas que van a terminar convirtiéndose en spam, pero también lo que se espera es que uno se identifique con alguno de esos grupos que mandan cosas y que eso no le parezca spam. Es una depuración que cada uno va haciendo con la experiencia.

–¿Y quién mira estos sitios web?

–Bueno, hay una selección natural que tiene que ver con la ideología y la postura que cada uno tiene. Obviamente si uno está en los antípodas de un movimiento campesino, o de un movimiento de gente sin tierra, no va a entrar (salvo por curiosidad). El nivel de difusión es el mismo que tienen en la calle: los que están interesados en estos temas van a entrar, y los que no, no.

–Bueno, pero no veo la diferencia con los radicales que se identificaban con la boina blanca, o con el comité, o el socialismo con sus ateneos. Siempre hubo una especie de escarapela que identifica a los grupos. ¿Cuál es el cambio cualitativo que permiten las nuevas tecnologías?

–Yo no creo que haya un cambio de concepción en la utilización de las herramientas. Lo que ha cambiado radicalmente son las propias herramientas. Creo que se han multiplicado mucho los recursos y ése es el gran cambio. Además, como le decía, hay una gran apropiación de estrategias propias del mercado.

–¿Internet es una mercancía?

–No, no. Me refería en este caso a las estrategias de la publicidad y el marketing. Muchas agrupaciones, por ejemplo, utilizan este tipo de estrategias para diseñar sus afiches, para producir un impacto visual. Hay una conciencia de que con el texto no alcanza, que hay que incorporar formas simbólicas para transmitir el mensaje, formas que tienen más que ver con la estética, con la imagen, etc.

–Yo tengo la sensación de que eso siempre fue un poquito así. Todos los partidos, por ejemplo, tenían un periódico. Internet, en todo caso, permite una difusión muchísimo más planetaria.

–Sí, es una difusión rápida y múltiple. Pero yo además creo que existe un cambio. Usted está pensando en partidos políticos, pero yo le estoy hablando de movimientos sociales de mucho menor alcance, desde agrupaciones de campesinos hasta grupos de sectores medios que defienden la democratización del conocimiento (el software libre y todas esas cosas).

–...

–Este movimiento también es cada vez más importante y pone en tela de juicio uno de los temas fundamentales del capitalismo: el de la propiedad privada intelectual.

–Sí, a primera vista, parece que algo de eso hay.

–Yo creo que en un punto las nuevas tecnologías no se utilizan únicamente para la propaganda sino también para poner en cuestión algunos basamentos fundamentales del capitalismo. Hay una conciencia de que existe un poder internacional al que hay que enfrentarse. Es verdad que siempre hubo banderas, identificaciones, etc. Pero lo que yo siento es que esto es cada vez más fuerte y que, además, está potenciado por la capacidad de trabajar en redes. Otra cosa que permite Internet es difundir las actividades con un muy bajo presupuesto: no hace falta poner plata, por ejemplo, para un boletín impreso, sino que se lo hace de manera electrónica y listo. Además hay un fuerte cuestionamiento de la verticalidad en las organizaciones.

–Antes del capitalismo también había profesión libre o por lo menos algo de eso. Un juglar medieval, por ejemplo, no tenía ni la menor idea de lo que era la propiedad intelectual. En cierta medida, estamos retomando algunas cosas de circulación libre medieval.

–Es un poco arriesgado comparar Internet con el juglar que iba cantando de pueblito en pueblito.

–Bueno, yo soy un jinete, y usted sabe, a veces hay que arriesgar...

–Creo que lo que sí ocurre es que, definitivamente, Internet sirve para poner en cuestión muchos de los pilares del capitalismo (con los que, definitivamente, no todo el mundo está en desacuerdo sino simplemente un sector de la sociedad).

–Es cierto que hoy en día uno puede bajarse prácticamente cualquier cosa de Internet. Por más que las cosas tengan propiedad intelectual, si las sube un particular es muy difícil penarlo. En cierta medida, se ha convertido en un delito imperseguible, como ocurrió con las fotocopias.

–Claro, está prohibido fotocopiar libros completos, cosa que se hace todo el tiempo.

–Y ésos son procesos irreversibles, ¿no? ¿Dónde van a terminar?

–Creo que efectivamente es cada vez menos posible controlar los millones y millones de contenidos que circulan por Internet. Hay otro problema que aducen quienes aún le tienen un poco de miedo a Internet, que tiene que ver con la diversidad de calidades de información que hay. Pero en definitiva hubo siempre diferentes calidades de información y uno podía acceder en otro momento a información totalmente falsa por otras vías. Está habiendo muchos juicios, sobre todo de parte de las discográficas.

–A mí me parece que Internet es un poco contradictoria. Por un lado, tiene esa cosa de la apropiación libre. Por otro lado, la oferta es tan inmensa que uno termina sumido en la nada, sin saber qué bajarse. Creo que en cierta medida eso debe pasar con los movimientos que usted estudia. Es tan fácil crear un movimiento hoy en día que es muy posible que termine habiendo movimientos puramente virtuales, que solamente tienen una página de Internet.

–Seguramente eso ocurre, pero nosotros trabajamos con los grupos que tienen experiencia en calle.

Publicado en Página/12

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“Hay que escapar de la lógica política fundamentalista"

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–¿Y el comercio informal no se hace más?

–Sí, claro que se hace. Mientras haya diferencia cambiaria va a haber contrabando hormiga. Salvo que, por ejemplo, esas personas que contrabandean tengan acceso a un trabajo menos riesgoso y que les asegure la subsistencia a fin de mes. El asunto es que, en general, no tienen esa opción. Argentina es un país muy paranoico con las fronteras, y me parece que eso tiene que ver con tener un territorio tan amplio y una población tan pequeña. A tal punto que podemos parar a todos los argentinos con un arma en los miles y miles de kilómetros de frontera y, aun así, no estaría controlada. El tráfico hormiga no es algo elegido por las personas, son más bien llevadas a hacerlo, no les queda otra. Yo he visto, en los ’90, licenciados en comercio exterior haciendo menudeo en Paso de los Libres.

–Lo cual permite una vida muy limitada.

–Sí, y además, muy inestable.

–¿Y en las otras fronteras qué pasa?

–La frontera con Paraguay es una frontera con un grado de desigualdad descomunal: la idea del no man’s land, de que está todo permitido, de que es un caos, se mantiene. Y hay una gran paradoja: los fronterizos argentinos hablan de que quieren integrarse, pero no justamente con los que tienen enfrente (es decir, con los paraguayos). Hay una visión muy degradada de los paraguayos por parte de amplios sectores de la población.

–¿Y la frontera con Bolivia?

–Bueno, en un sentido es similar a la de Paraguay, pero aún con más prejuicios. Yo me dediqué a estudiar la situación boliviana en Buenos Aires y la conclusión es que los bolivianos son vistos por las clases medias y altas como los de menor escala en la jerarquía interétnica. Están por debajo de los paraguayos, y esa percepción social se traslada a la zona de La Quiaca. Además, hay que tener en cuenta que Bolivia es uno de los Estados más fracasados del siglo XX. El intento más democrático que tuvieron, a mitad de siglo, fracasó rotundamente. La Argentina, por su parte, se organizó sobre la base de la exclusión.

–¿La exclusión de quiénes?

–De sectores importantísimos de la población: los negros e indios, que son ignorados por el discurso hegemónico. Lo cual es curioso, porque acá, proporcionalmente, hay más personas que se consideran indígenas que en Brasil. El asunto es que en Argentina, en la construcción de la identidad nacional, nos hicimos famosos por una frase: “Los mexicanos (o los peruanos, o los bolivianos) descienden de los indios y los argentinos descienden de los barcos”. Tanto México como Perú tienen el imaginario nacional creado sobre la base del mestizaje. En Brasil, la idea del mulato (la mezcla entre afro y europeo) es una idea central. En Estados Unidos, que no tiene esa noción, el mulato se transforma automáticamente en negro.

–Ultimamente hay otros grupos que empiezan a ser discriminados, además de los bolivianos, que son los chinos y los coreanos. ¿Qué pasa con ellos?

–Bueno, hay estudios que muestran que ha habido mucha incomprensión de sus mundos, de sus culturas, de sus lógicas de acción, y eso significó la construcción de un estereotipo (donde ya la distinción entre chinos y coreanos es un grado de sofisticación). De todos modos, el boliviano sigue siendo el más degradado: mientras que los sectores medios altos no tienen ningún inconveniente en visitar el barrio chino y comprar el pescado en los supermercados, jamás irían a la fiesta boliviana de Nuestra Señora de Copacabana, que es un evento cultural increíble, en el barrio que rodea a la cancha de San Lorenzo. El problema es que siempre que las diferencias interculturales se vuelvan estereotipos, eso puede convertirse en una herramienta de exclusión y de violencia.

–¿Y cuánta inmigración puede resistir un Estado?

–Doy algunos ejemplos: Buenos Aires, 1914. 80 por ciento de los trabajadores eran extranjeros. Claro, era una situación de expansión comercial, pero eso no minimiza la explosión demográfica. Lo mismo ocurre hoy en día, a escala más reducida, cuando se descubre un nuevo pozo de petróleo o una ciudad pequeña se convierte en turística y su población se multiplica. El asunto es que todos estos procesos, muchas veces, se dan sin planificación.

–...

–Ahora bien: imaginemos que en la Argentina no hubiera habido nunca migración boliviana. ¿Podemos pensar el país sin la inmigración? Sin los bolivianos, por ejemplo, que beneficiaron a diversos sectores sociales al incrementar la producción de frutas y verduras y bajar el precio. Lo que es seguro es que nuestro país tendría menos fruta y menos verdura, y más caras. ¿Qué pasaría mañana si se nos fueran todos los inmigrantes? ¿O si se fueran todos los inmigrantes de Estados Unidos? Sin lugar a dudas, la pérdida de esa mano de obra sería letal, irremplazable.

–Y en los otros países, donde el imaginario ha sido construido sobre la mezcla y no sobre la exclusión, ¿no hay prejuicios étnicos?

–Por supuesto que los hay. Hay una forma de racismo en Brasil que tiene sus especificidades. Brasil es un país en donde nadie es igual al otro, todos están o arriba o abajo del otro. Pero, de alguna manera, todos se consideran partes de un todo.

–¿Y Argentina cómo es?

–Es un país que tiene un imaginario igualitarista (y ahí está el tema de que la educación sea pública y gratuita incluso a nivel universitario, por ejemplo) pero que termina siendo un igualitarismo solamente entre aquellos que son argentinos. Y dado que los argentinos, de acuerdo al imaginario, descendieron de los barcos, aquellos que no descendieron de los barcos no tienen los mismos derechos.

–Eso en el imaginario.

–Lo que me gustaría dejar claro es que el imaginario no es el reflejo de lo que en verdad pasa. Ese es el problema de los imaginarios: no tienen por qué rendirle cuentas a la realidad demográfica, política o económica. El imaginario es muy independiente de la realidad: el hecho de que no se diga que hay indios no significa, ni mucho menos, que no haya indios.

–Y la discriminación, está claro, sigue hasta el día de hoy.

–Sí, por más que se la quiere ocultar. Por ejemplo: cuando se construyó el famoso muro de San Isidro, todos los políticos salieron públicamente a repudiarlo. Pero sin embargo, en las encuestas realizadas por Internet (que constituyen un fiel reflejo del pensamiento de las clases medias y altas), un porcentaje elevado de la población decía estar de acuerdo. Pareciera ser que es una manera de ver las cosas que sobrevive, aunque ha perdido el carácter público: ya no se puede defender un racismo públicamente, aunque el racismo siga funcionando. Eso quiere decir que la Argentina, en lugar de ser un todo donde sus partes están ordenadas jerárquicamente (como ocurre en Brasil), es un todo en el que cada parte se confunde a sí misma con el todo. Y las partes piensan que la única manera de que el todo pueda desarrollarse es eliminando a las otras partes.

–¿Y cuáles son esas partes?

–Si uno lo mira en términos de largo plazo: Capital-interior. Esa dicotomía no sólo define la disputa entre unitarios y federales sino que también estuvo vinculada al peronismo-antiperonismo (que mucho tuvo que ver con el proceso de migraciones internas). Y lo que es muy curioso es que un cuarto de los argentinos no vive ni en la Capital ni en el interior sino en la provincia de Buenos Aires, que no es ninguna de las dos cosas. Lo que importa es que aquí, generalmente, la manera en que los actores sociales, políticos y culturales enuncian y plantean sus propuestas tiende a estar sustentada por la idea de que su éxito necesariamente está vinculado a la eliminación de otro. La idea de amigo-enemigo está mucho más vigente en Argentina que en otros países.

–¿Y además del par Capital-interior, qué otros ejemplos hay?

–Hay muchos ejemplos. La manera en que los descendientes de los barcos observan los conflictos indígenas dista mucho de ser moderada. Lo que sí hay que destacar es que en nuestro país, con una historia de profunda discriminación, hoy haya mediaciones institucionales que controlen las expresiones racistas (como, por ejemplo, el Inadi). Hay otra cosa que es curiosa: de alguna manera, nosotros no sólo nos hemos convencido a nosotros mismos de que somos homogéneos sino que también hemos convencido al mundo.

–Mmmm.... ¿realmente?

–Recuerdo el caso de una salteña con rasgos indígenas que no pudo entrar a México, porque la acusaban de tener un pasaporte falso (dado que, según decían, en la Argentina no hay indios). Eso influyó mucho en el desarrollo de la disciplina de la que yo me ocupo, la antropología social: dado que se pensaba que la antropología sólo se ocupaba de estudiar a los indios no tenía sentido ser antropólogo y argentino, porque no había indios a los que estudiar. Por eso tuvo un desarrollo tan retrasado.

–Y entre los que bajaron de los barcos, ¿hay discriminación? ¿Por ejemplo, qué pasa con el antisemitismo?

–Habría que decir varias cosas. Primero: hay antisemitismo. Segundo: mucha gente con una opinión progresista, en el conflicto de Israel y Palestina se inclina mucho más por los palestinos que por los israelíes, porque son los oprimidos. Tercero: criticar al Estado de Israel es considerado un acto antisemita cuando, en realidad, no lo es.

–Bueno, pero muchas veces las críticas encubren al antisemitismo.

–El problema más grande que hay es justamente ese: algunas de las críticas al Estado de Israel son antisemitismo encubierto y otras no, y eso hace muy difícil la discusión. Además, al interior de la misma comunidad judía hay discriminación.

–Lo que pasa es que muchos de los que critican al Estado de Israel terminan por creer que actores claramente reaccionarios como Hamas o Ahmadinejad son progresistas. Se toman como movimientos de liberación a movimientos cuasi o del todo fascistas.

–Lo que uno encuentra a nivel mundial hoy en día es una proliferación de fundamentalismos culturales. Si uno lee a los ideólogos de la era Bush, se ve muy claramente el pensamiento. Samuel Huntington, por ejemplo, dice lo siguiente: todos los imperios han tenido su esplendor y su caída...

–...simple registro histórico...

–... y Estados Unidos no es ajeno a eso. Lo único que podemos hacer es postergar lo máximo posible el ocaso y, para ello, tenemos que crearnos un enemigo que sea absolutamente opuesto a nosotros en términos religiosos y culturales. Eso está escrito, y es lo que hizo Bush. Yo lo que encuentro, en los ocho años de Bush, es que fue un período de incremento de los fundamentalismos al interior de Estados Unidos que ayudó a que crecieran otros fundamentalismos en distintas partes del mundo. Eso implica comprender la dinámica global de la cultura política, pero no justificar nada: no es necesario tomar partido por Bin Laden o por Bush, por Hamas o por Israel. Lo que hay que pensar es que existe otra manera de hacer política, de actuar frente a la alteridad. El problema de los grupos políticos de los que hablábamos es que tienden siempre a tomar partido por uno de los dos bandos. Yo lo que planteo es que lo que hay que cambiar, en todo caso, es la lógica política fundamentalista.

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Publicado en Página/12

domingo, 25 de enero de 2009

Bingham



George Caleb Bingham, Comerciantes de pieles bajando por el Missouri, 1845, óleo sobre tela, 73,7 x 92,7 cm. Metropolitan Museum of Art, New York

Fragonard



Jean Honoré Fragonard, Mujer joven leyendo, c. 1773, óleo sobre tela, 68,9 x 54,9 cm. Metropolitan Museum of Art, New York

Millais

John Everett Millais, Pompas de jabón, 1886
óleo sobre tela, 107,5 x 77x5 cm. Lady Lever Art Gallery, Liverpool.

Hogarth



William Hogarth. Beer Street. 1751. Engraving. The British Museum, London, UK.

Mucha


Alphonse Mucha. Ruby. From The Precious Stones Series. 1900. Color lithograph

Picabia




Francis Picabia. Nude. 1942.

Picasso


Pablo Picasso - Three Musicians, or Musicians in Masks. 1921.

De la Cárcova

 
Ernesto de la Cárcova - Sin pan y sin trabajo. 1893

Chagall



Marc Chagall - La chute de l'angle. 1923-33-47.

Toulouse-Lautrec


Henri de Toulouse-Lautrec. La Goulue entrant au Moulin Rouge. 1891-92

Lebedev


Mikhail Lebedev. In a Park. c. 1833

Boucher


François Boucher. Diana Leaving Her Bath. 1742

Schiele


Egon Schiele. Mujer sentada con la pierna izquierda levantada (1918)

Monet


Claude Monet. Ice on the Seine near Bougival. 1867.

Kirchner


Gateway to the freight depot in Altstadt - Ernst Kirchner, 1920?

Klee


Angelus Novus - Paul Klee, 1920

Goya



Los fusilamientos del 3 de mayo - Francisco de Goya, 1814.

Vettriano




The Billy Boys - Jack Vettriano, 1997

Gauguin


 Tahitian Landscape - Paul Gauguin. 1893.

de Chirico


Nostalgia of the Infinite - Giorgio de Chirico, 1913

Bruegel


The tower of Babel - Pieter Bruegel, 1563

Bosch


Creation of the World - Hieronymus Bosch, c.1504-1510

Jeroen Anthoniszoon van Aken /jə'rʊn ɑn'toniːzoːn vɑn 'aːkən/, llamado Hieronymus Bosch /je'ɾonimus bɔs/ o Jeroen Bosch /jə'rʊn bɔs[1] /,(Bolduque h. 1450 - † agosto de 1516) fue un pintor flamenco. Firmó algunas de sus obras con Bosch (pronunciado como Bos en neerlandés). En español es conocido como el Bosco o Jerónimo Bosch; en italiano es a veces llamado Bosco di Bolduc (de Bosch y Bois le Duc, traducción francesa de 's Hertogenbosch = Bosque Ducal, ciudad natal del Bosco).

Protagonista de sus cuadros es la humanidad, que incurre en el pecado y es condenada al Infierno; la única vía que parece sugerir el artista para redimirse se encuentra en las tablas con vidas de santos, a través de la imitación de sus vidas dedicadas a la meditación aunque estén rodeados por el mal, sea en las tablas con la Pasión de Cristo, a través de la meditación sobre las penas sufridas por Cristo, para rescatar al género humano del pecado universal. En los últimos años de su actividad, el estilo del Bosco cambió y creó cuadros con un número inferior de figuras y de mayor tamaño que parecen sobresalir del cuadro y acercarse al observador. El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y sólo firmó algunos. El rey Felipe II de España compró muchas de sus obras después de la muerte del pintor; como resultado, el Museo del Prado de Madrid posee hoy en día varias de sus obras más famosas.


[Fuente: Wiki]


Degas


Cafe Concert Singer - Edgar Degas, 1878

Seurat



La Grande Jatte. Georges Seurat, 1884-86

Mondrian


Composition with big red surface, yellow, black, grey and blue. Piet Mondrian, 1921.

Pieter Cornelis Mondriaan, conocido como Piet Mondrian, (*Amersfoort, 7 de marzo de 1872 - † 1 de febrero Nueva York, 1944) fue un pintor vanguardista holandés; miembro de De Stijl y fundador del neoplasticismo junto con Theo van Doesburg. Evolucionó desde el naturalismo y el simbolismo hasta la abstracción de la cual es el principal representante inaugural junto a los rusos Vasili Kandinski y Kazimir Malévich.

Malevich



Escritorio y habitación - Kazimir Malevich, 1913


Kazimir Severínovich Malévich, (en ruso, Казимир Северинович Малевич), (11 de febrero de 1878 - 15 de mayo de 1935) fue un Pintor ruso, creador del Suprematismo.Empieza a pensar que su misión como artista es representar la naturaleza lo más objetivamente posible. Entre los empleados del ferrocarril, encuentra algunos aficionados y amantes del arte con los que forma una asociación y un estudio cooperativo. Allí oye hablar de las Escuelas de San Petesburgo y Moscú. Siente la necesidad de formarse académicamente y va a Moscú en 1904. Su trabajo, en esta época, siempre pintura del natural, se hace cada vez más impresionista. Fue un período relativamente largo y estable, en el que su atención se centra en los estudios de paisajes, con composiciones sólidas, a pesar de la fragmentación, En conjunto, estos trabajos producen una impresión estática y extraña, lo que sería más adelante el contenido típico de Malévich, la expresión de sus ideas esenciales (Sarabianov).

Ernst


L'Ange du foyer ou Le Triomphe du surréalisme - Max Ernst, 1937

Max Ernst (* Brühl, 2 de abril de 1891 - † París, 1 de abril de 1976) fue un artista alemán nacionalizado francés que fue una figura fundamental tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo. Se caracterizó por la utilización de una extraordinaria diversidad de técnicas, estilos y materiales.

En 1925 inventó el frottage (que transfiere al papel o al lienzo la superficie de un objeto con la ayuda de un sombreado a lápiz); más tarde experimentó con el grattage (técnica por la que se raspan o graban los pigmentos ya secos sobre un lienzo o tabla de madera). Ernst fue encarcelado tras la invasión de Francia por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial; en la prisión trabajó en la decalcomanía, técnica para transferir al cristal o al metal pinturas realizadas sobre un papel especialmente preparado.

Turner


A Storm (shipwreck) - William Turner, 1823.

El talento de Turner fue reconocido muy pronto, convirtiéndole en un académico a los 23 años. Tal independencia económica le permitió innovar de manera sorprendente para muchos. De acuerdo con la Historia ilustrada del Arte, de David Piper, sus últimas pinturas fueron denominadas fantastic puzzles (rompecabezas fantásticos).[2] No obstante, Turner es reconocido como un genio: la crítica inglesa, John Ruskin, describió a Turner como el artista «que más conmovedoramente y acertadamente puede medir el temperamento de la naturaleza».[3]

Turner es un pintor romántico interesado en la filosofía sublime; retrata el asombroso poder de la Naturaleza sobre el Hombre. Fuegos, catástrofes, hundimientos, fenómenos naturales son descritos por el pintor. En sus lienzos, constata que la humanidad no es más que un conjunto de peones de la Naturaleza. Como otros románticos, considera el paisaje natural como un reflejo de su humor. Turner mostró el poder violento del mar, como en 'Dawn after the Wreck (1840) o el Barco de Esclavos, 1840.

Sus primeros trabajos, como Tintern Abbey (1795) o Venecia: S. Giorgio Maggiore (1819), conservan las tradiciones del paisajismo inglés. Sin embargo, en Aníbal atravesando los Alpes (1812), su énfasis en el poder destructor de la naturaleza ya empieza a surgir. Su peculiar estilo de pintura, el cual se caracterizaba por el uso de técnicas exclusivas de la acuarela en la ejecución de sus obras pictóricas al óleo, generaba luminosidad, fluidez y efectos atmosféricos efímeros.[3]

En sus últimos años, empleó cada vez menos óleos, y se centró en la luz pura, en los colores del reflejo. Ejemplos de este estilo tardío son visibles en Lluvia, vapor y velocidad pintado en (1844), donde los objetos son vagamente reconocibles.

Turner, junto con John Constable, fue un estandarte de la pintura inglesa en sus útimos años, y fue popular en Francia también. Los impresionistas estudiaron cuidadosamente sus técnicas, para dilucidar el poder de sus lienzos. En la era del arte moderno, hasta el arte abstracto se ha visto influenciado por él.

Se ha sugerido que los altos niveles de ceniza en la atmósfera durante 1816, que condujeron a unas inusuales puestas de sol durante dicho periodo, pudieron inspirar el trabajo de Turner.

Vermeer


The Astronomer - Vermeer, 1668.

Velázquez


Las meninasLa familia de Felipe IV) - Velázquez, 1656

Rembrandt


Ronda nocturna - Rembrandt, 1642

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 15 de julio de 1606 – † Ámsterdam, 4 de octubre de 1669) fue un pintor y grabador holandés. La historia del arte le considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda.[1] Su aportación a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oro holandesa, el considerado momento álgido de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.

Habiendo alcanzado el éxito en la juventud, sus últimos años estuvieron marcados por la tragedia personal y la ruina económica. Sus dibujos y pinturas fueron siempre muy populares, gozando también de gran predicamento entre los artistas, y durante veinte años se convirtió en el maestro de prácticamente todos los pintores holandeses.[2] Entre los mayores logros creativos de Rembrandt están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, encontramos siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía.[1]

sábado, 24 de enero de 2009

¿Cómo descargar la música, libros y películas? - Tutorial

Todos los links hacen referencia a un archivo en un servidor externo, en este caso Megaupload. Estos gigantes archiveros virtuales prestan un servicio gratuito y uno pago; al primero, que es el que solemos manejar, le suelen agregar algunas incomodidades: esperar algunos segundos, introducir algún código, etc.

A continuación algunos pasos para descargar exitosamente un disco sin perder la paciencia en el intento.

Megaupload

Ingresamos en el link. Debemos re-escribir el código que figura arriba a la derecha.


Luego aparecerá una pantalla como esta; esperamos los 50 segundos que aparecen abajo.


Cuando se nos habilite el botón, hacemos click en "Descarga normal" y ya está. Ahora debemos elegir dónde guardar el archivo.



Es por esto que existen programas como el JDownloader o el Tucan que automatizan los procesos. En ellos sólo tenemos que pegar la dirección del link; del resto se ocupa el programa.

Pulp Fiction - Quentin Tarantino

Miralo online acá (con audio en español):

Happiness - Todd Solondz


Happiness - Todd Solondz
Audio: inglés
Subtítulos: español (en archivo separado)
Contraseña para descomprimir: happiness

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Point Blank - John Boorman



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The Merchant of Four Seasons - Rainer Fassbinder

 
 
 
 
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Satan's Brew - Rainer Werner Fassbinder

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